En la víspera de Navidad de 1968, la Humanidad escuchó por primera vez una voz que llegaba desde otro mundo. La misión Apolo 8, la primera en orbitar la Luna, estableció un hito histórico en las comunicaciones espaciales. Este logro fue posible gracias a un componente esencial de aficionados: el sistema de radio de la nave incorporaba un transpondedor en la banda VHF de 2 metros (144-148 MHz), una frecuencia fundamental y muy familiar para los radioaficionados de todo el planeta.
El evento central ocurrió durante la novena órbita lunar de la nave. Los astronautas Frank Borman, James Lovell y William Anders, tras transmitir imágenes en directo de la superficie lunar, realizaron una emisión especial para la Tierra. En un momento de profunda solemnidad, los tres tripulantes procedieron a leer, de forma alternada, los primeros diez versículos del Génesis. La histórica frase de cierre, «Feliz Navidad, y que Dios los bendiga a todos, a todos ustedes en la buena Tierra», pronunciada por el comandante Borman, cerró una transmisión que llegó a más de mil millones de personas, uniendo al mundo en un momento de asombro colectivo.
Más allá de su profundo impacto cultural y emocional, el éxito técnico de la comunicación fue monumental. Exigió una coordinación precisa con la Red de Espacio Profundo (DSN) de la NASA, utilizando sus gigantescas antenas parabólicas para captar la débil señal que viajaba a casi 400,000 kilómetros de distancia. La misión no solo demostró la viabilidad de las comunicaciones de extremo alcance, esencial para el futuro alunizaje del Apolo 11, sino que también elevó el prestigio de la radioafición, al integrar su tecnología en la mayor aventura de exploración de la Humanidad. Fue la culminación de décadas de experimentación radioeléctrica y un regalo navideño para todos.
EA1JAB – Norberto – ¡Feliz radio! ¡73’s!




