Una noche de agosto de 1977, un radiotelescopio en Puerto Rico captó algo extraordinario: un pulso de radio tan potente y anómalo que un astrónomo escribió «WOW!» al margen del papel continuo que reflejaba la impresión de datos. Cuarenta y siete años después, ese único minuto de señal sigue siendo el candidato más prometedor, y más misterioso, a un mensaje de otra civilización.
El grito de un minuto que vino de las estrellas
El silencio del cosmos es abrumador. Durante décadas, el proyecto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) ha escudriñado metódicamente ese silencio, analizando el ruido de fondo del universo en busca de un patrón, una anomalía que delate una inteligencia más allá de la Tierra. La mayoría de las veces, lo que se encuentra son púlsares, interferencias terrestres o fenómenos naturales. Pero una vez, solo una, el Universo pareció articular una palabra clara e incomprensible.
El escenario de este evento fue colosal: el Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico. Hasta su colapso en 2020, fue el radiotelescopio de un solo plato más grande del mundo, con un reflector de 305 metros de diámetro enclavado en un sumidero kárstico. Su inmensa antena era un oído dirigido al cielo, capaz de captar señales extraordinariamente débiles desde los confines de la galaxia. Fue aquí donde, la noche del 15 de agosto de 1977, el radiotelescopio estaba realizando un barrido rutinario para el proyecto SETI, escuchando en la frecuencia de 1420 MHz.
El latido de un minuto
Esta frecuencia no es casual. Corresponde a la línea de emisión del hidrógeno neutro, el elemento más abundante en el universo. Los científicos del SETI razonaban que una civilización tecnológica podría utilizar esta «frecuencia universal» como un canal natural para llamar la atención, un faro en la estática galáctica. Y esa noche, Arecibo lo encontró.
La señal, registrada por el ordenador en una impresión en papel de datos alfanuméricos, duró exactamente 72 segundos (el tiempo que tarda un punto fijo en el cielo en cruzar el campo de visión del telescopio). Su intensidad fue descomunal: se elevó hasta un pico y luego decayó, dibujando una curva perfecta que seguía el movimiento de la Tierra. El patrón alfanumérico «6EQUJ5», que el astrónomo Jerry R. Ehman marcó con su famoso «WOW!», reflejaba una potencia 30 veces mayor que el ruido de fondo cósmico.
Técnicamente, la señal tenía las «huellas dactilares» de un origen extraterrestre artificial: una banda de frecuencia extremadamente estrecha (como la de una emisora de radio) y la firma de desplazamiento correcta causada por la rotación terrestre. No se parecía a ningún fenómeno natural conocido: no era un cuásar, ni una emisión de una estrella, ni interferencia de satélites o aviones (éstos operan en frecuencias muy distintas). Parecía, en esencia, un faro encendido por un instante en la inmensidad.
El silencio que vino después
Y ahí reside el núcleo del misterio. La señal “WOW!” fue única. Jamás se repitió, a pesar de más de cien intentos de búsqueda en la misma región del espacio, en la constelación de Sagitario, cerca del cúmulo estelar M55. No tenía modulación, no contenía un mensaje decodificable, solo era un poderoso «¡Hola!» cósmico. ¿Fue un destello de una civilización que apuntó su transmisor hacia nosotros por un minuto? ¿El reflejo de una señal humana rebotando en basura espacial? ¿Un fenómeno natural aún desconocido?
El proyecto SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence,en castellano “Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre”), que dio sentido a la búsqueda, sigue activo con telescopios más modernos, pero la señal “WOW!” permanece como su Santo Grial, un recordatorio imborrable. Nos dice que el Universo podría no estar vacío, pero también que sus voces son esquivas y efímeras. Arecibo, aquel gigantesco oído, captó un susurro que atravesó quizás miles de años luz para llegar a nosotros. Lo escuchamos durante un minuto. Y desde entonces, solo hemos vuelto a oír el profundo, inquietante y magnífico silencio. El misterio de quién, o qué, gritó aquella noche, sigue flotando en el espacio interestelar.
Contenido EXTRA: La línea de emisión del hidrógeno neutro
La línea de emisión del hidrógeno neutro, también conocida como línea de 21 centímetros o línea HI, es una radiación electromagnética emitida por átomos de hidrógeno neutro cuando sus protones y electrones cambian su alineación de espín de un estado de mayor energía a uno de menor energía. Esta transición de espín corresponde a una frecuencia de radio de 1420.405752 MHz, o aproximadamente 1420 MHz.
EA1JAB – Norberto – ¡Feliz radio! ¡73’s!






