La montaña no negocia señales, ¿cómo podemos optimizar la cobertura durante las caminatas? Con todo preparado, nuestra salida a la montaña tiene un componente extra de preparación: asegurar que nuestro enlace en directo o con repetidores remotos (el portátil VHF/UHF) funcione en condiciones óptimas. En el valle, cualquier configuración puede valer, pero en la cresta, con viento y con kilómetros de terreno abrupto por delante, cada decibelio cuenta. El desafío es claro: maximizar la eficiencia de un equipo de potencia limitada, superando obstáculos naturales y la propia geometría de nuestro cuerpo en movimiento. La solución no está en un equipo más caro, sino en dos decisiones estratégicas: la posición de la radio y la elección de la antena.
Las tres posiciones problemáticas
Antes de llegar a la solución óptima, es útil repasar los escenarios habituales y sus limitaciones.
Imaginemos primero el walkie en el cinturón del pantalón, sujeto con su pinza. Es accesible, sí, pero desde el punto de vista radioeléctrico es la peor opción. Aquí, el operador se convierte en su propio enemigo. El cuerpo actúa como un enorme absorbente y bloqueador de la señal, especialmente en la dirección de avance. La antena, situada en la parte más baja del perfil, es la primera en encontrar cualquier obstáculo: un matorral, una roca o la propia pendiente del terreno. En UHF, esta posición es particularmente nefasta, ya que la corta longitud de onda se atenúa fácilmente con cualquier interferencia cercana. Además, supone un riesgo constante de enganches, caídas o de contacto con el agua.
Una segunda opción, aparentemente más protegida, es guardarlo de lado en la solapa principal de la mochila, con el micrófono externo sujeto en el pecho. Si bien el equipo está a salvo de golpes y del sudor, la cobertura se vuelve errática e impredecible. La antena ya no tiene una orientación fija; con el movimiento de la marcha, puede acabar horizontal (anulando su polarización vertical y perdiendo gran parte de su eficiencia) o, lo que es peor, apuntando directamente hacia la espalda del operador. En esta configuración, toda la energía de transmisión hacia el frente, la dirección de progresión y la más probable para el contacto, se ve severamente atenuada por el cuerpo y el propio contenido de la mochila. Es una posición pasiva que sacrifica el control sobre la radiación.
Por último, podemos considerar el tirante de la mochila pero no de cualquier manera ya que con el walkie colocado de forma horizontal o con la antena inclinada se convierte en un error de bulto. Cualquier desviación de la verticalidad perfecta de la antena degrada su patrón de radiación, convirtiendo ganancia potencial en pérdidas.
La decisión óptima: El tirante
La posición ganadora,por razones de física de la propagación y ergonomía práctica, es clara: el walkie debe ir sujeto con su pinza en uno de los tirantes de la mochila, a la altura del hombro, con la antena perfectamente vertical y despejada. Esta no es una mera recomendación de comodidad, es todo un cambio de operatividad.
Al elevar la antena a la máxima altura posible sobre el terreno, estamos extendiendo nuestro horizonte de radio de forma notable. En VHF, que depende críticamente de la línea de visión, este metro extra puede suponer kilómetros de alcance adicional. Para UHF, aunque más susceptible a la absorción por el follaje, estar más alto significa que la señal comienza su viaje por encima de una mayor cantidad de obstáculos bajos. Además, situamos el punto de irradiación en un lugar relativamente despejado, lejos de las masivas interferencias del torso. La accesibilidad es inmejorable: la pantalla es visible, los botones accesibles y el micrófono/altavoz, colocado en el otro tirante, permite operar con las manos libres y sin desequilibrarse, manteniendo la seguridad en terrenos técnicos.
Lo ideal: Potenciar la altura con la antena adecuada
Colocar el walkie en alto es el 50% del éxito. El otro 50% es sustituir la antena de goma de serie, un componente pensado para la durabilidad, no para la excelencia. Para el radioaficionado montañero, la inversión en una antena flexible dual-band (VHF/UHF) de calidad, de unos 40-50 centímetros, supone un cambio radical.
Estas antenas, de marcas especializadas, están diseñadas con una eficiencia de radiación muy superior. Su longitud, optimizada para una configuración de 5/8 de onda en VHF, proporciona una ganancia real que dirige la energía de manera más eficiente hacia el horizonte. En UHF, su diseño minimiza las pérdidas. Al ser flexibles, sobreviven al paso por bosques cerrados sin comprometer el rendimiento. Esta combinación —altura en el tirante y antena eficiente— lleva al walkie a su máximo potencial teórico en condiciones de movimiento.
Conclusión
En montaña, donde el margen de error es pequeño, la comunicación fiable no es un lujo, es una parte esencial de la seguridad. Al entender que nuestro cuerpo es parte del sistema radiante y que la altura es un multiplicador de cobertura, podemos tomar decisiones más óptimas.
EA1JAB – Norberto – ¡Feliz radio! ¡73’s!






