Amelia Earhart y la señal fantasma. Lockheed Electra 10E y su equipo de radio. Transmisor Western Electric 13C CW y AM en 3105 kHz y 6210 kHz

Para los radioaficionados, el espectro radioeléctrico no es un vacío silencioso: Es un espacio habitado por voces, chasquidos y susurros electromagnéticos que viajan más allá del horizonte, portando todo tipo de historias. Pero pocas transmisiones han generado un misterio tan enigmático como la última que se atribuyó a Amelia Earhart, la aviadora más célebre del mundo, cuyo rastro se borró del mapa y del aire el 2 de julio de 1937. Su desaparición no es solo un misterio aeronáutico, sino también uno radioeléctrico, un rompecabezas de frecuencias, potencias y una señal captada contra todo pronóstico.

El Lockheed Electra 10E y su equipo de radio

Amelia Earhart pilotaba un Lockheed Model 10-E Electra, un bimotor de aluminio, moderno para la época. Pero el verdadero cordón umbilical con el Mundo era su compleja instalación de radio, crucial para la navegación en su intento de vuelo ecuatorial alrededor del globo.

El sistema era híbrido, diseñado para comunicaciones de corto y largo alcance. Para la telegrafía (CW) y la voz en telefonía (AM), la pieza central era un transmisor Western Electric modelo 13C, operando en 3105 kHz y también en 6210 kHz. Este equipo, instalado detrás de la cabina, tenía una potencia nominal de 50 vatios, y era alimentado por un generador accionado por los motores. No era una gran potencia, pero sí suficiente para alcanzar grandes distancias en onda corta, especialmente en telegrafía, si las condiciones de propagación eran favorables.

La antena era un elemento crítico: El Electra utilizaba principalmente un alambre largo y flexible, una antena de látigo que se desplegaba desde el fuselaje durante el vuelo para mejorar la radiación en HF. Para las comunicaciones en OM (onda media, como la de 500 kHz obligatoria para socorro marítimo), probablemente utilizaba la propia estructura metálica del avión u otro cable conectado al fuselaje. La recepción se realizaba con un receptor Bendix RA-1, un equipo de gama alta para la época, con capacidad de sintonía en varias bandas de onda corta.

La última transmisión oficial y el silencio

Durante su tramo fatal desde Lae (Nueva Guinea) hacia la diminuta Isla Howland, las transmisiones de Earhart fueron irregulares. El guardacostas USCGC Itasca, esperando en Howland, la captó débilmente. En sus transmisiones, ella reportó no recibirles, lo que indicaba un problema grave: O su receptor de DF (dirección de radio) o su antena de recepción estaba dañada (también se barajó la posibilidad de poca habilidad en su manejo). A las 08:43 hora local, llegó su último mensaje claro: «Estamos sobre ustedes, pero no podemos verles… estamos volando en círculo… no podemos oírles… estamos a 1,000 pies». La señal fue fuerte, lo que sugería proximidad al receptor, pero luego surgió el silencio permanente.

NOTA: Un receptor de DF (“Direction Finder” o también Radiogoniómetro) es un tipo especializado de receptor de radio diseñado no sólo para escuchar, sino principalmente para determinar la dirección (azimut) de la que proviene una señal de radiofrecuencia, usando antenas direccionales para triangular la fuente de la emisión, lo cual es crucial en navegación, búsqueda y rescate.

La señal fantasma: Betty Klock

Aquí es donde el misterio se adentra en el terreno de lo paranormal para la radio. Horas después del último contacto oficial, y durante los días siguientes, numerosos radioaficionados y estaciones comerciales reportaron haber escuchado supuestas señales de socorro. La más llamativa de estas supuestas recepciones fue la de Betty Klock, una niña en Florida, Estados Unidos.

Según el relato, Betty, hija de un radioaficionado, estaba en su casa escuchando la radio de onda corta de su padre la noche del 2 de julio (hora de EE.UU., casi un día después de la desaparición). De repente, entre la estática, captó una voz de mujer débil y angustiada que decía: «Esta es Amelia Earhart. El avión está en el agua… las olas son altas…». El padre de Betty, tomó nota de la frecuencia y la hora, pero descartó que fuera real dada la inmensa distancia: Florida estaba a más de 11,000 km del área de búsqueda. ¿Cómo pudo una señal de 50 vatios, desde un avión presumiblemente hundido o estrellado en el Pacífico central, cruzar medio mundo?

Para un radioaficionado, la explicación es técnicamente posible, aunque altamente improbable: la propagación por salto ionosférico. Una señal en 3105 kHz, emitida al amanecer o al anochecer en el Pacífico, podría haber sido captada a miles de kilómetros bajo condiciones excepcionales de la ionosfera. El problema era la fuente: una antena de avión dañada o sumergida tendría un patrón de radiación caótico y una eficiencia mínima. Además, si el avión estaba en el agua, la energía de las baterías se habría agotado rápidamente.

Conclusión

La historia de Betty Klock, junto con otros informes similares, nunca fue verificada oficialmente y es considerada por muchos como un producto de la histeria colectiva, malas interpretaciones o señales falsas.

El equipo de Amelia Earhart, su Western Electric de 50 vatios y su antena de látigo, descansan, con casi total certeza, en el fondo del océano. Pero la leyenda de su última transmisión perdura en el tiempo y en la imaginación.

EA1JAB – Norberto – ¡Feliz radio! ¡73’s!